miércoles, septiembre 23, 2009

Pandas*


Hoy llegué tarde y mi madre me retó, La verdad, no me interesó
Cada vez me importa menos lo que me digan y mientras más me gritan, más me enojo y menos me importa. Inversamente proporcional. Mi madre no lo entiende.
Frente a mi hay un pequeño espejo que tiene rayada la canción Alone again, wonderfull world. Atrás de él hay un computador. A su lado se encuentra la última adquisición de mi pieza, un peluche de panda, pero no de esos típicos osos sentados con los brazos a los lados que te miran con cara de ternura y de una manera estática. No. Este es un peluche a escala, bastante realista, con la cabeza baja y las orejas pequeñas. No me mira, tiene los ojos apagados, fijos en la nada.
No sé porque, cuando lo miro, siento que la realidad me pega un manotazo.
Pero bueno, analicemos.
Yo ya desistí de ser astrónoma solo por lo concreto que se vuelve mi sueño. Yo no sé si quiero descubrir cosas, no sé si quiero ganarme el Nobel. Tal vez solo quiero aprender y así poder seguir asombrándome. Sí, quiero soñar con que puedo cambiar el mundo aportando mi pequeño granito de arena. Por eso quiero ser profesora. Y ya comprendí que para eso no es necesario ser un cuadrado o un cubo o un paralelepípedo.
Yo voy a ser un universo membrana, voy a ser el espacio-tiempo deformado por la masa de las estrellas, voy a ser la orgullosa persona que se jacta de haber sido una estrella. Y trataré de seguir siéndolo, pero a mi manera.
Y todo esto por un peluche de panda.


0 criticas.-:

Publicar un comentario

Venga, critique, critique.